Fuente: Muy Interesante MX

Si no detenemos la deforestación en todo el mundo, más virus peligrosos ‘saltarán’ de otras especies hacia la humanidad provocando peores pandemias

Entre todos los efectos devastadores para la vida en el planeta de la destrucción de bosques tropicales como el Amazonas, uno de los más impensados y letales a corto plazo es la transmisión de enfermedades infecciosas zoonóticas; es decir, de virus, bacterias u hongos que se transmiten de animales a humanos.

Para muestra, un dato: el 75 % de los virus infecciosos más letales en los últimos 50 años como el VIH, el ébola o el nuevo coronavirus tienen un origen zoonótico.

Y aunque estos patógenos no enferman a los animales que funcionan como reservorio vírico, basta con que un humano mantenga contacto con un ejemplar con el virus para que ‘salten’ hacia nuestra especie.

Una vez que esto ocurre, las probabilidades de detener el virus depende de su capacidad de contagio, una identificación temprana y la intervención médica que permita un aislamiento eficaz.

De lo contrario, el virus que primero se manifestó en algunas personas y días más tarde es confirmado como causante de una nueva enfermedad ya habrá contagiado a suficientes individuos para producir un brote local, con el potencial de provocar una nueva pandemia.

LAS ENFERMEDADES ZOONÓTICAS Y LA DEFORESTACIÓN

En todos los casos de enfermedades zoonóticas, el común denominador de los primeros contagios es la invasión humana y la explotación de los recursos naturales en hábitats que son completamente ajenos a las poblaciones humanas o rurales, especialmente la deforestación de los bosques tropicales.

“Estos ‘saltos’ comúnmente ocurren en los bordes de los bosques tropicales del mundo, donde la deforestación está poniendo cada vez a más personas en contacto con los hábitats naturales de los animales. la fiebre amarilla, la malaria, la encefalitis equina venezolana, o él ébola: todos estos patógenos se propagaron de una especie a otra en los márgenes de los bosques”, ejemplifica Marina Mureb, Profesora de Epidemiología en la Universidad de Sao Paulo en un artículo conjunto publicado en The Conversation.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) concentra una lista de 17 enfermedades infecciosas emergentes asociadas a los bosques, que tienen como principales huéspedes o reservorios a los murciélagos, civetas, primates no humanos y otras especies de fauna silvestre.

VIRUS CON POTENCIAL PARA SER NUEVAS PANDEMIAS: UN RIESGO PERMANENTE

Aunque algunas de estas enfermedades como el ébola, el SARS, la chikungunya o el Virus de inmunodeficiencia de los simios (VIS) ya están causando estragos en la humanidad, el resto –y probablemente los centenares de virus aún no descubiertos– tienen como principal mecanismo para ‘saltar’ a nuestra especie la deforestación, la expansión de asentamientos humanos en los bordes de los bosques y el comercio de especies silvestres para el consumo humano.

De ahí que la intromisión constante de nuestra especie en los bosques tropicales signifique un riesgo latente con potencial para desatar las próximas pandemias.

A la deforestación se suma el comercio de fauna y vida silvestre, un negocio de miles de millones de dólares que crece en todas direcciones, pero cuyo epicentro es Asia a propósito de la medicina tradicional y los mercados de animales vivos, como en el caso del Mercado de Wuhan donde se sospecha que surgió el SARS-CoV-2.

Por lo tanto, frenar la posibilidad de nuevas enfermedades mortales no sólo depende de sistemas de salud robustos y mejores condiciones de vida. En su origen, también implica un cambio consciente que no sólo atraviesa nuestro estilo de vida, sino la forma desmedida en que las grandes industrias explotan los recursos naturales.